En la Chiquitanía, los jesuitas desarrollaron una gran labor evangelizadora de la que quedan magníficos templos de la época misional. Cabe destacar que no se trata de templos en ruinas o de lugares abandonados, sino de templos que cumplen su función religiosa en pueblos vivos.
El Padre Martin Schmidt inicia su esplendor traducido en altares, retablos, confesionarios y una orfebrería exquisita. Como amante de la música, creó en las misiones talleres artesanales donde se construían instrumentos para la música sacra: violines, violoncelos y contrabajos, también arpas, clavicordios y salterios.
En la década de los 60 del siglo pasado, empieza la restauración de los templos misionales bajo la dirección de los arquitectos Hans Roth y Juan Carlos Ruiz, recuperando su antigua grandiosidad.
Las iglesias, verdaderas joyas, únicas en su arquitectura y decoración en madera, son el aporte de artistas nativos al barroco europeo y han sido declaradas Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.
El circuito lo integran:
San Javier, Concepción, San Ignacio de Velasco, Santa Ana, San Rafael,San Miguel y San José de Chiquitos.
Junto al arte sacro, la naturaleza tropical exuberante y las tradiciones, la música barroca chiquitana es una de las más bellas manifestaciones de esta cultura, la mismas que está conservada en más de 5.000 partituras que son el sustento del Festival Internacional de Música Barroca y Renacentista que se realiza cada dos años (2004 – 2006) y que congrega a orquestas de música especializada de todo el mundo.